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LECCIONES DE LA
MEDIATECA DE SENDAI Toyo Ito |
La cuenta atrás para el siglo XXI A medida que se acercaba la medianoche del 31 de diciembre del año 2000, grupos de gente joven empezaron a congregarse delante de la Mediateca de Sendai. Las altas zelkovas que se alinean en la calle Jozenji se iluminan cada diciembre, y el espacio se llena de incontables puntos de luz. Este espectáculo acaba tradicionalmente con la medianoche del último día del año. Esta vez, estaba previsto que todas las luces del interior de la Mediateca se encendieran en ese momento y que el edificio se abriera provisionalmente durante una hora. Imágenes de la cuenta atrás se proyectaron en una gran pantalla suspendida detrás de la fachada de vidrio de la primera planta del edificio. La gente que se agolpaba en la acera contaba en voz alta, "tres, dos, uno", y cuando llegaron al "cero", hubo gritos y aplausos. Las enormes puertas de vidrio se abrieron y la gente pudo experimentar la Mediateca por primera vez, aunque sólo se permitió el acceso a la primera planta. No se organizó ningún acto especial. El alcalde no pronunció ningún discurso. Parejas de jóvenes pasearon por el edificio, tocaron los "tubos" o se hicieron fotos delante de ellos y luego salieron en grupos de dos o tres. La apertura provisional fue un acontecimiento simple y sobrio, y esa simplicidad hizo que el acto fuera agradablemente distinto de las inauguraciones de la mayoría de equipamientos públicos en Japón. Observando esta escena junto a los colaboradores de mi despacho que habían estado trabajando en el proyecto del edificio durante seis años, pensé que quizá sería posible conseguir que la Mediateca de Sendai fuera utilizada por la gente de un modo distinto a cómo se utilizan los edificios públicos convencionales. Se hace difícil explicar de un modo preciso en que consiste esa diferencia. De todos modos, al ver a la gente experimentando ese espacio por primera vez me pareció que se comportaban como si estuvieran dando un paseo por la calle y no en el interior de un edificio. Creo que esto se debe al hecho de que se trata de un edificio en el que la gente puede relajarse, esto es, un "edificio sin ceremonias".
Este edificio, cuyos forjados se sustentan en unos elementos estructurales huecos que hemos denominado "tubos", tiene un aspecto singular. Los trece tubos son diferentes en configuración y dimensiones, y el diámetro de algunos puede llegar a alcanzar los nueve metros. Algunos de los tubos están inclinados o torsionados. De hecho, levantarlos en el emplazamiento fue un proceso complejo. Tanto los forjados, que nosotros llamamos "placas", como los tubos están construidos con elementos de acero, en su mayoría, soldados. El aspecto del emplazamiento durante la construcción era sorprendente. Por todas partes había tubos y planchas de acero, y el aire se llenaba de limaduras y chispas. Si bien el sistema estructural del edificio es extraordinariamente novedoso, la enorme cantidad de trabajo de soldadura necesario fue realizado a mano. La construcción de edificios con materiales industriales fue uno de los grandes temas de la arquitectura moderna, pero esta construcción estaba lejos de ser un trabajo industrializado. Los tubos, en este sentido, son únicos, incluso ahora que el edificio se ha completado. Los que visitan el edificio tras su finalización afirma que estos elementos producen ahora una impresión distinta, que no es tan insólita y potente como durante la construcción. Hay quien afirma que prácticamente no advierte su presencia. Yo comparto esa misma impresión. De hecho los tubos han sufrido cambios desde el concurso, cuando los imaginábamos como estructuras inmateriales en forma de árbol. Esa imagen sufrió su primera transformación cuando el ingeniero Mutsuro Sasaki propuso la estructura actual. Como se demostró, las columnas de malla sólo eran posibles como idea. Aunque se optó por ensamblar un gran número de barras de reducido tamaño, resultó imposible soportar las pesadas cargas sin que éstas tuvieran un cierto grosor. El desfase entre imagen y realidad no fue de ningún modo responsabilidad de Mutsuro Sasaki; se trata, más bien, de una condición propia de la contemporaneidad. El cuerpo humano también existe hoy en dos niveles, el real y el virtual. Podemos tener una dirección en Internet, pero nuestras vidas siguen estando ligadas, al menos en parte, a la tierra. La segunda transformación ocurrió en el emplazamiento. Los tubos de acero, una vez construidos, resultaron ser objetos materiales totalmente macizos. Ya no se trataba de una simple cuestión de distancia entre imagen y realidad. Su presencia era demasiado imponente, lo que me llevó a replantear mis ideas iniciales. La tercera transformación tuvo lugar cuando los tubos se cubrieron de vidrio. El acero, que había sido un elemento tan visible, se pintó de blanco. De pronto se hizo menos obsceno. Fue como si los tubos se hubieran convertido en productos colocados en una vitrina. No obstante, tampoco eran como los había concebido al principio, como árboles de malla metálica. Se podría decir que adquirieron existencia como elementos a escala real. La transformación que condujo desde los tubos virtuales hasta los reales no consistió simplemente en la alteración que inevitablemente se da cuando algo que existe sólo en la imaginación es trasladado a la realidad. Implicó también una transformación de la idea que yo tenía de ellos. Cuando el edificio fue construido, finalmente acabé por reconocerlos como lo que eran: cosas, nada más y nada menos. A esto me refiero cuando digo que se trata de "un edificio sin ceremonia".
Desde el exterior, el edificio resulta más comprensible de noche. La iluminación interior permite deducir el carácter de cada planta. La diferencia entre ellas se hace más visible. Todas son distintas en altura, acabado del techo, mobiliario y forma y color de la iluminación. Estas diferencias producen la impresión de que las plantas de distintos edificios se han ensartado en los tubos como si se tratara de un shish-kebab. Los tubos ya no son el elemento dominante como sucedía en la maqueta del concurso. Las plantas son más visibles, y esto provoca un mayor énfasis en el plano horizontal. También podría decirse que esta transformación ha permitido que el edificio, no tan objetual y expresivo, haya pasado a formar parte de la escena urbana. Ha sido liberado de la sumisión a un criterio único y fuerte. No posee un centro dominante. Pronto empezamos a describir el edificio como "un autoservicio de media". Todo lo que queríamos decir con esto era que almacenaría distintos media tales como publicaciones, vídeos, películas, cuadros y arte electrónico, del mismo modo en que un supermercado almacena diferentes productos en sus estantes. Los artículos se tratarían de un modo equivalente y todo el mundo podría acceder fácilmente a ellos. Queríamos crear un espacio que fuera completamente diferente a los espacios de la mayoría de los equipamientos públicos, que se basan en tipologías establecidas. Creo que la gente que visitó el edificio la noche de fin de año, a pesar de acceder sólo a la primera planta, pudo advertir esta diferencia respecto a los equipamientos públicos convencionales.
A menudo imagino a alguien que experimenta brevemente el espacio interior con perplejidad y satisfacción, ascendiendo en ascensor o subiendo por las escaleras para dar una vuelta por las plantas superiores del edificio, como si estuviera en una prolongación de la calle más que en el interior de un edificio. Sin duda esto es en parte una proyección de mis deseos. Intentar disminuir la distancia entre la arquitectura y el espacio urbano, y volver ambiguo el límite entre la arquitectura y la ciudad son dos elementos fundamentales de lo que denomino "arquitectura difusa". A los visitantes quizá les pueda parecer difícil distinguir al principio donde termina una "habitación" y donde empieza el "corredor". La frontera entre los espacios con un objetivo claro y las áreas comunes puede parecer ambigua. Esa es también una de las intenciones de esta obra. Hasta ahora, se han concebido los equipamientos públicos como edificios con unos espacios claramente definidos en los que se actúa de un modo preestablecido. Los autores de la normativa han determinado unilateralmente cómo debían usarse estos edificios. Los sonidos no deben transmitirse de una habitación a otra. Una sala no debe estar demasiado fría o demasiado caliente. Su única preocupación ha consistido en optimizar la eficiencia del edificio, para lo cual se ha considerado inevitable la imposición de restricciones en el comportamiento de los usuarios. Sin embargo, en la calle la gente se comporta de un modo más libre y alegre. ¿Por qué no puede haber más libertad de acción en el interior de un edificio público? El Gobierno local nos exigía que la Mediateca de Sendai fuera un edificio "sin barreras", refiriéndose a las barreras que impiden el acceso a los discapacitados. Adopté el concepto de "sin barreras" para referirme también a la libertad respecto a las restricciones de la administración. Este es el sentido de la estructura de los tubos: proporcionar un espacio sin barrerras. ¿Qué hará la gente en la Mediateca? La Mediateca debía encontrar el modo de reorganizar la biblioteca y el museo de arte -formas institucionales que han permanecido básicamente inalteradas durante un siglo- mediante la incorporación de nuevos recursos informáticos. No pretendíamos en absoluto, sin embargo, crear un palacio consagrado a los media. Constituiría un logro muy significativo conseguir que la Mediateca contribuyera a la transformación de los equipamientos cotidianos actuales y al cuestionamiento de las ideas preconcebidas sobre el espacio y la forma en que éste se organiza. Quien espere encontrar espacios llenos de imágenes en tres dimensiones o salas futuristas sin nada más que ordenadores puede pensar que la tercera planta de la Mediateca no difiere mucho de una biblioteca convencional. Sin embargo, las bibliotecas tienen en general una organización demasiado independiente y desvinculada de los factores externos. Nuestro objetivo puede parecer modesto; acabar con el aislamiento propio de una biblioteca convencional. Nuestro objetivo respecto a la galería fue igualmente modesto. Al no haber paredes blancas se planteó que el espacio pudiera acoger instalaciones y performances interrumpidas únicamente por los tubos. El ideal respecto a la Mediateca podría haber consistido en crear un equipamiento público completamente nuevo y sin precedentes, pero he preferido aceptar y extender la realidad. Pongo mis esperanzas en la transformación, esto es, en la disolución de fronteras que puede tener lugar en el edificio. Salir a la calle para crear un libro Espero que el uso convierta la Mediateca en "un lugar para pensar sobre la ciudad". Esta observación puede parecer singular. Después de todo, este es un lugar para leer libros y contemplar obras de arte e imágenes de dos o tres dimensiones. Sin embargo, me gustaría que no se convirtiera en el contenedor de un comportamiento fragmentario, sino que fuera un lugar donde la gente se encuentra y se relaciona. El cineasta vanguardista Shuji Terayama encuñó la famosa frase: "Tira los libros, sal a la calle". Aquí, la gente se verá obligada a "salir a la calle en busca de libros", o, en lugar de libros, un enorme álbum de Sendai. La gente visitará este autoservicio provisto con diversos media, incluyendo publicaciones, pinturas, fotografías, vídeos y películas, y los utilizará para crear un libro enorme a partir de la realidad de la ciudad en la que vive y para introducir en la Mediateca pruebas de su propia experiencia contemporánea. Sería imposible crear este álbum enorme sin medios electrónicos. Quisiera que el edificio se convirtiera en una base estratégica para estas actividades, es decir, en un lugar en el que el mismo acto de creación es archivado. "Salir a la calle para crear un libro", este es el estímulo que espero de la Mediateca de Sendai. |